Ignacio Bartolomé, CEO de GDM, planteó que Argentina necesita un nuevo marco para reconocer la propiedad intelectual incorporada a las semillas. Alejandro Elsztain, CEO de Cresud, coincidió en pagar por la innovación, pero reclamó una implementación gradual que contemple la situación económica de los productores.
El debate se produjo durante el Forum Nacional de Agronegocios de LIDE Argentina, donde Bartolomé puso el foco en las nuevas herramientas de mejoramiento genético y en la necesidad de generar condiciones para que lleguen al mercado.
“El que quiera la tecnología la pague, el que no quiera no la pague”, resumió el ejecutivo, al defender un marco que permita remunerar la innovación incorporada a las semillas.
Bartolomé advirtió que sin cambios regulatorios algunas nuevas tecnologías podrían no llegar comercialmente a Argentina. Como ejemplo de la brecha existente, indicó que GDM invierte en investigación y desarrollo el equivalente a US$ 1 por hectárea de soja en Argentina frente a US$ 4 en Brasil.
También señaló que 85% de los productores brasileños pagan por la semilla, frente a 40% en Argentina. Actualmente funciona como alternativa el esquema privado Sembrá Evolución, al que, según el ejecutivo, ya adhirieron 30 mil productores.
Una implementación gradual
Elsztain introdujo otro enfoque. El CEO de Cresud aclaró que paga por la tecnología, pero pidió considerar las dificultades atravesadas por los productores y el peso de los derechos de exportación. Por eso propuso que el reconocimiento económico de la innovación avance gradualmente, acompañando el proceso de reducción de las retenciones.
“Se tienen que poner en los zapatos de los productores”, planteó.
Bartolomé también destacó el potencial de herramientas como la edición génica, que permite realizar modificaciones dirigidas sobre el ADN y acelerar el desarrollo de nuevas variedades.
Mencionó trabajos en soja orientados a mejorar el desarrollo radicular y la arquitectura de las plantas, pero insistió en que la llegada comercial de esos avances dependerá de las condiciones para reconocer la propiedad intelectual.
Fuente: La Nación