Por Alfredo Lago
Hace más de treinta años en la “Cumbre de Madrid de 1995” la Comunidad Europea y el Mercosur firmaban el Acuerdo Marco Interregional de Cooperación, inaugurando una ambición inédita: construir una asociación estratégica birregional basada en el comercio, el diálogo político y la cooperación.
El inicio formal de las interacciones entre los bloques para cumplir con este objetivo fue 5 años después, en el 2000. Dichas negociaciones para alcanzar el acuerdo superaron el cuarto de siglo.
Por ello y luego de tanto tiempo y muchas controversias, el sábado 17 de enero de 2026 en Asunción del Paraguay se concretó la firma del Acuerdo de Asociación y del Acuerdo Interino de Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur.
Para quienes creemos que el incremento del libre comercio, con más y mayor intercambio de bienes y servicios con otros países del mundo, es la vía para generar desarrollo y crecimiento económico y, por ende, la mejora del “bienestar” de los uruguayos, lo ocurrido el pasado 17 fueron un hecho y día histórico.
Aunque la firma realizada no es el fin del proceso, aún debemos mantener la paciencia, la misma que hemos aplicado en más de 25 años, a la espera por pasos a cumplir.
Lo referente al capítulo comercial, que entiendo será el primero en aprobarse y por tanto, en aplicarse, contó con un simbolismo extra, dado que la firma la realizó nuestro canciller Mario Lubetkin (se repartieron entre los ministros de relaciones exteriores del bloque la firma de los distintos capítulos), es, a su vez el comercial, desde mi punto de visto, el más relevante para Uruguay, visto que, con esta parte aprobada se inician los procesos de intercambio de bienes entre los bloques, y vaya que necesitamos de la generación de más comercio fuera de fronteras.
Para que el mismo esté operativo, debe contar con las aprobaciones del Parlamento Europeo y de cada uno de los parlamentos de los países del Mercosur. Tener en cuenta que a medida que se vaya aprobando queda operativo para ese país, o sea, no es necesario la aprobación de todos para lograr su aplicabilidad, por supuesto el europeo deberá estar como la única contraparte de la UE.
Deseamos y esperamos, que nuestro Parlamento sea el primero en hacerlo, y de preferencia, de forma unánime. Aunque pareciera que todos los parlamentos “mercosurianos” disputaran esa primicia.
Como corolario de este acuerdo hubo mucha duda de la concreción en estos últimos meses por la resistencia y/o rechazo de varios países de Europa, tanto que la última votación fue por mayoría cualificada. Todo en principio, motivado por fuertes manifestaciones de nuestros colegas productores del viejo continente. Al respecto, considero pertinente resaltar un hecho paradójico.
Hemos visto imágenes de las mencionadas protestas en varias capitales de Europa donde entre otras acciones, los productores tiran en la vía pública, avenidas, plazas, en edificios estatales, toneladas de productos, entre ellos, papa, mucha papa; vaya contradicción al utilizar justo un alimento de origen americano, que a su vez los salvó de hambrunas, para protestar contra los productores del sur de América.
Todos estos hechos en Europa, en países importantes como Francia, contrarios al acuerdo, han generado la sensación que la responsabilidad de lo prolongado de la negociación les correspondió siempre a los europeos. Y, no es así, no son ellos únicamente los responsables. También los países sudamericanos integrantes del bloque, han colocado en el transcurso de las negociaciones muchos obstáculos para avanzar con el cierre del tratado.
De la mano de presiones sectoriales contrarios a la integración, y de posiciones ideológicas de los distintos gobiernos de turno, generaron en gran parte del tiempo, buscadas demoras para no alcanzar el acuerdo.
Ejemplos de posturas intransigentes de Argentina y de Brasil, podríamos recordar más de una, pero también nuestro país las tuvo, y por similares motivos, que por cierto eran contrarios a los sectores exportadores, pero que tenían, bueno, aún tienen, mucho respaldo en nuestros jerarcas.
Esto, se mantuvo presente en la definición del acuerdo, y quizá, por lo menos así lo entiendo, terminó restando mejores posiciones a los sectores productivos del Uruguay, porque, de hecho, es negociación. También fue y está considerada la defensa de sectores productivos del Uruguay sensibles al ingreso de productos europeos y que podrían ser afectados en su economía.
Por ello, es necesario y justo decir que las aspiraciones de nosotros, los productores, era lograr más acceso al mercado europeo, tanto en volumen como en mayor desgravación de aranceles, pero entendimos que era momento de presionar para avanzar.
Recuerdo una experta brasileña en estos temas que decía en un encuentro en Brasilia y me quedó grabado: “cuanto más demoramos en cerrar un acuerdo posible hoy, aunque fuere sin alcanzar ahora todos nuestros objetivos, más lejos estamos de las revisiones de un acuerdo que esté en marcha, que si traerá estos objetivos”. En ese entonces llevábamos 20 años de negociaciones, seguro de ahí a ahora, ya perdimos otra revisión.
En 2019 se cerró el capítulo comercial. Y con inteligencia los actores tomaron la decisión de pasar raya y concretar con los parámetros posibles para la definición del acuerdo.
Puedo dar fe de esta etapa, dado que participé en las negociaciones, como apoyo privado de los negociadores oficiales del gobierno uruguayo, desde 2017 hasta 2019, de reuniones en Bruselas y en las distintas capitales de los países socios del Mercosur. (Este período 2017-19, coincidió con el momento que se negociaron lo inherente al capítulo comercial).
Quiero aquí una vez más valorar el excelente trabajo de la jefa de la delegación uruguaya: Valeria Csukasi, pero también a Juan Labraga del MEF. Sinceramente sin ellos, los logros no hubieran sido tantos. Principalmente para el arroz, el único país del Mercosur que bregó por la inclusión de este producto fue Uruguay, por ende, la única agremiación de productores presente siempre en este período, fue la Asociación de Cultivadores de Arroz, acompañada en muchas oportunidades por la Gremial de Molinos Arroceros.
Si para nosotros lo negociado no es todo lo deseado, entiendo, por ende, que los argumentos de los detractores del acuerdo en Europa, son equivocados, es difícil pensar que un churrasco y medio una vez en el año por habitante europeo pueda generar daño económico a los ganaderos del viejo continente.
Parecida cuantificación podemos realizar del arroz, la cuota acordada de 60.000 ton del cereal, equivale a que un día al año cada poblador de Europa consuma una porción de arroz.
Tener en cuenta, además, que ambos productos, carne y arroz, entre otros, se están exportando de forma continua desde los países del Mercosur hacia varios, o casi todos los 27 países de Europa, inclusive lo consumen habitantes de los países que hoy están en contra del acuerdo. Solamente el Uruguay exporta más de 3 veces las toneladas de arroz pactadas.
Por cierto, y es lo que nos debe importar, con este tratado de libre comercio, aunque por ahora parece ambicioso el nombre, dejaremos de pagar aranceles en destino dentro de los volúmenes acordados, pero también para los europeos es sinónimo de beneficio, con esto los consumidores accedan a productos de origen del Mercosur, que son de alta calidad a precios menores de los que por ahora pagan. Porque tener claro, que los aranceles los terminan absorbiendo los consumidores.
Pero fuera de estas cuotas pactadas, también hay un esperable crecimiento de nuestras ventas a Europa.
En primer lugar, porque seremos de hecho más competitivos para llegar a este prestigioso mercado, igualándonos a otros proveedores que hace tiempo cuentan con acceso privilegiado. Pero también hay que entender, que este volumen sin aranceles genera una mejor cadena de suministro, donde es probable que quienes comercializan nuestros productos allá, generen costumbre en sus clientes consumidores al conocer y disfrutar de un alimento de alta calidad, esperemos por ello, que insistan por productos de nuestro origen, y estén dispuestos, inclusive a pagar algo más, y así generemos también mas comercio por fuera de la cuota, aún con carga de aranceles.
En el caso del arroz, es claro. Hoy como herramienta para evadir una mayor carga arancelaria, el arroz que exportamos a ese destino es arroz integral, y no porque sea un tipo de elaboración que los europeos prefieran, nuestro arroz lo compran las industrias de allá para finalizar el proceso de elaboración y empaquetarlo en destino.
Las 60.000 ton sin aranceles ya mencionadas que integran el acuerdo, será arroz que sale desde los países del Mercosur con todo el agregado de valor en origen, supongamos una industria uruguaya de donde saldrá arroz elaborado total y empaquetado quizá, con marca propia, nuestra, y estará disponible directamente en las góndolas de mercados a los consumidores, no hay dudas, esto genera una mayor fidelidad al momento de identificar la marca de arroz que ha sido producido en una de las cuencas de nuestro país, lo que seguramente aumentará el flujo comercial. Además de ofrecer en nuestro país más fuentes de trabajo y servicios locales.
Ahora bien, falta por definir cómo se distribuyen entre los países estas cuotas. Otros de los pasos restantes, importantes y que seguro, no será fácil.
En el caso de la carne a través de la FARM (Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur) en el 2019 habían generado un acuerdo entre los países, habría que ver, teniendo en cuenta los cambios de flujo comerciales de carne desde ese entonces, si el acuerdo se mantiene.
En el caso del arroz, no ha habido avances; si lo analizaron, sin llegar a acuerdo en el ámbito de la Confederación de Molinos Arroceros del Mercosur.
La realidad dice que Uruguay tiene una ventaja al momento de redistribuir estas cuotas. Es el que exporta, y, hace varios más años arroz a Europa. Es también quien cumple totalmente los requisitos de inocuidad en el grano según los estándares europeos; cuenta, además, en base al tiempo de negocios a esos destinos, de una muy buena cadena de suministro, en muchos casos con acuerdos de mediano plazo entre las empresas.
Debemos los productores uruguayos estar atentos a esta distribución, porque para nosotros, no es indiferente la carga de cuota que nos toque, dado que el éxito de esto, es sinónimo de mayor ingreso.
Situación contraria es para las industrias, tanto frigoríficas, como molinos arroceros. Muchas están presentes en varios o en todos los países del Mercosur, por tanto, para una empresa multinacional puede que le sea indiferente de que país salga su producto de exportación a Europa.
Repito: debemos estar atentos y actuantes también ahora, después de la firma del pasado 17.
Con este acuerdo entre UE y Mercosur no solucionamos todos los problemas de acceso de mercado que tiene el Uruguay, si es muy importante por ser el más relevante desde la creación del Mercosur. Pero no debe esto menguar las acciones e insistencias en continuar por la senda de más tratados de libre comercio, tanto dentro, como por fuera del bloque regional.
Cuantos más acuerdos el país tenga, no solo son más posibilidades de incrementar nuestro comercio, es también, la manera de que todos los sectores productivos del Uruguay tengan destinos competitivos a sus exportaciones. Porque puede que en un solo tratado alguno sea más o menos beneficiado, o, más o menos perjudicado, pero sin son muchos tratados, seguro, todos estarán incluidos en las mejoras comerciales.
Esto es bueno para el Uruguay y para todos los uruguayos.
