El Itaú BBA proyecta embarques de 3,9 millones de toneladas, por debajo del récord de 2025, con frigoríficos que ya ajustan producción y analistas que advierten que la disputa es cada vez más geopolítica que comercial.
Las exportaciones brasileñas de carne bovina enfrentan su año más difícil en una década. Según proyecciones del Itaú BBA, los embarques caerían 20% en 2026 respecto al récord de 2025, ubicándose en 3,9 millones de toneladas, en un contexto donde los tres principales mercados del mundo —EEUU, China y la Unión Europea— aplican simultáneamente restricciones a la proteína brasileña.
"El Brasil se volvió demasiado grande para ser ignorado y demasiado competitivo para no molestar. Al mismo tiempo que estos países necesitan importar carne, también necesitan proteger a sus productores locales. Al final, el mercado no es libre", señaló César de Castro Alves, jefe de la consultoría Agro del Itaú.
Los números explican la tensión: en los últimos diez años las exportaciones brasileñas de carne bovina crecieron 150%, pasando de 1,4 a 3,5 millones de toneladas, y en facturación de US$ 6 mil millones a US$ 18 mil millones, consolidando a Brasil como el mayor exportador mundial de la proteína, según la Abiec.
En EEUU, la carne brasileña escapó por ahora de las nuevas tarifas de 25% —Trump las dejó fuera de la lista en julio— aunque la presión del sector ganadero estadounidense persiste. En China, las restricciones incluyen cuotas y aranceles adicionales de 55% para embarques que superen el límite fijado para 2026. La UE, por su parte, incorpora nuevas exigencias sanitarias para la producción animal que entrarán en vigor el 3 de septiembre, en medio de la resistencia al avance de la carne brasileña tras el acuerdo con el Mercosur.
Los efectos ya se sienten en la industria: algunos frigoríficos concedieron vacaciones colectivas y estudian medidas de ajuste de producción. "Estamos analizando todas las posibilidades", reconoció Roberto Perosa, presidente de la Abiec. En el corto plazo, la menor exportación podría aliviar los precios en el mercado interno brasileño al aumentar la oferta disponible. Pero en el mediano plazo la tendencia se invertiría: la menor oferta global de ganado —también en EEUU, Argentina y Australia— más la demanda internacional sostenida volvería a presionar los precios al alza.
"En un mundo con menos carne bovina disponible y más proteccionismo, la disputa por la proteína brasileña dejó de ser solo comercial y es cada vez más geopolítica", concluye el análisis.
Fuente: Exame

