Suscribete a nuestro Newsletter

Por Alfredo Lago 

Con esa frase que escuchaba frecuentemente de mi gran amigo y referente Hugo Manini pretendo comentar sobre la importancia y necesidad de interpretar correcta y ajustadamente las señales que recibimos de hechos endógenos y exógenos relacionados con nuestra actividad y que, por tanto, repercuten directamente en nuestro negocio.

Principalmente deben ser bien analizadas, manejadas y comunicadas con total profesionalismo, objetividad e imparcialidad desde las instituciones que actúan en nuestro sector, porque, en definitiva, estas son formadoras de opinión y, en muchos casos, inciden en la toma de posición y decisiones de sus representados. Va entonces la importancia de que sean ajustadas en un todo a esas realidades que determinan tanto los precios de lo que producimos como también los costos de producción y, por ende, el resultado económico del productor.

En Uruguay ese conocimiento recobra mayor protagonismo, visto que en casi todas las producciones agropecuarias que generamos al mercado son en su mayor parte para la exportación, estando expuestos los productores a formaciones de valor que operan en el comercio mundial, como el natural equilibrio entre demanda y oferta, pero muchas veces influidos por factores de relaciones entre los países y sus variados intereses geopolíticos, determinando así el valor de la zafra.

En un país, el nuestro, que no cuenta con apoyos desde el Estado para mitigar eventos contrarios que nos repercuten desde el ámbito internacional —lo que, por cierto, es mejor que así sea—, porque los subsidios, tanto directos como indirectos, las restricciones al libre comercio y otras acciones desde la política pública, sabemos lo distorsivo e ineficiente que vuelven a estas actividades.

Por tanto, para mí, la principal herramienta de protección está en el buen y adecuado uso de la información.

Uruguay tiene instituciones privadas —asociaciones de productores— de trayectoria, especializadas, consolidadas, serias y con amplio conocimiento del sector o subsector al que representan, muchas con información analítica acumulada en sus registros históricos. Además, hay muy buena institucionalidad pública que aporta elementos fidedignos desde el análisis estatal. Ambas corrientes de información son un correcto y preciso estado de situación sectorial que generan potentes fuentes de referencia a la hora de que los productores tomen decisiones.

También, tanto por recursos propios o a través del acceso a fondos concursables, se pueden realizar contrataciones de estudios concretos o asesoramientos de expertos que permiten apoyar a la hora de resolver acciones a futuro. Obviamente, la principal decisión en esa línea es la correcta elección de quién o quiénes serán los asesores.

Yendo a la actualidad sectorial de la cadena arrocera del país, el pasado viernes 15 de mayo se conoció el precio definitivo del arroz de la zafra 2024/25, siendo de U$S 10,50 por bolsa de 50 kg (unidad de medida histórica del sector arrocero uruguayo).

Este valor resultó una disminución del ingreso recibido por los cultivadores el 30 de junio del 2025 en U$S/bolsa 1,00. A saber, el precio provisorio —cuantificación del ingreso en junio de cada año que es parte del Precio Convenio— en esa fecha fue de U$S 11,05 por bolsa más un préstamo a cuenta de la industria arrocera de U$S 0,45 por bolsa, por lo que había generado un crédito total de U$S 11,50 por bolsa.

Esto hace que los arroceros debamos devolver a los molinos ese U$S/bolsa 1,00 producido y remitido a las industrias, lo cual sin dudas complica aún más la ya difícil situación económica de los productores. Al respecto, podrán leer la trilogía de columnas que escribí aquí en Tardáguila Agromercados tituladas "¿El arroz en jaque?".

Este valor por extornar representa, en promedio, U$S 190 por hectárea de caída del ingreso.

Está claro, sin dudas, que este resultado de retroceso en el precio del arroz atiende a una realidad del mercado de exportación. No hay para nada en esto una directa implicancia o responsabilidad de las instituciones sectoriales.

Los U$S 11,50/bolsa recibidos en junio del 2025 ya generaban una ecuación económica sumamente ajustada, donde para muchos productores el resultado de su economía era negativo, para otros un simple empate y para muy pocos un resultado positivo.

Por ello queda evidente que disminuir y actualizar en casi 200 dólares por hectárea las ecuaciones económicas de la mayoría de los arroceros —para casi la totalidad, me animo a afirmar— pasa a ser negativa, resultando en importantes pérdidas económicas.

Ahora bien, si esto es resultado de los cambios en el valor internacional del arroz: ¿cómo se ajusta el título y el desarrollo inicial de la columna a la problemática del cultivador de arroz con la fijación del precio definitivo 24/25?

Veamos. Desde el segundo semestre del 2024 vengo insistiendo sobre la caída del precio del arroz, y a medida que ingresamos en 2025 me era cada vez más evidente esa tendencia. Inclusive manifesté una visión contraria a las autoridades sectoriales sobre el posicionamiento de ventas al inicio de la zafra en cuestión: en febrero del 25 recomendaba tomar rápidamente y en grandes volúmenes el precio de aquel momento. El entendimiento de los directivos de ACA y de los molinos no fue coincidente y quizás no se generaron negocios de venta que pudieron haber sido mejores que los que en definitiva se concretaron.

Llegado el 30 de junio del 2025, al momento en que se negoció el precio provisorio 24/25, las autoridades sectoriales analizaron las ventas hasta ese momento y lo plasmaron en dicho precio, lo que fue ajustado al contrato, pero entiendo que no interpretaron correctamente las señales del mercado mundial del arroz hacia adelante, para lo que quedaba por vender, y fueron, por tanto, muy optimistas en la estimación de la performance de los negocios para el segundo semestre. De lo contrario no hubieran acordado un valor de la magnitud del que fue acreditado a los cultivadores en esa fecha.

Desde mi punto de vista, aun sabiendo que el valor ya era bajo para las necesidades del productor, igualmente debió ser menor o, mejor dicho, más realista. Seguramente ese optimismo contumaz del sector arrocero uruguayo les jugó una mala pasada.

Es probable también que a la ACA no le resultó eficiente algún asesoramiento en materia de comercio que consultó, pero extraña más el comportamiento al respecto de los industriales: ellos sí conocen en primera persona y de forma directa el mercado, comercian a diario; inclusive algunos de ellos son empresas multinacionales dedicadas a procesar y vender arroz en varios países y a todo el mundo. Deberían contar con información y estimaciones más acertadas.

¿No vieron o no quisieron ver la realidad?

El hecho de bregar y lograr desde la ACA el mejor ingreso posible al productor es lo correcto, es lo que todos los años busca y logra. El problema y la distorsión se generan cuando un definitivo es inferior al provisorio y la consiguiente devolución a la industria de dineros que seguramente ya fueron utilizados. Con este último precio definitivo es la tercera vez que esto ocurre en los más de 60 años de precio convenio.

Pero este, al menos para mí, era evidente que ocurriría, visión que transmití y compartí en los ámbitos que me lo consultaron, aunque me daba cuenta de que me veían como un "desmedido pesimista".

Porque es lógico: la señal del precio es muy fuerte, generó al cultivador de arroz un indicador irreal que se cayó y que estuvo 11 meses con un ingreso bruto que hoy no existe.

Eso causó que en todo este periodo los productores no actuaran en consecuencia.

No resultó ser verdadera su situación económica y financiera y, sobre todo, no tomaron las decisiones que correspondían a esa realidad sectorial.

Y quizás, en algunos casos: realizaron inversiones que no debieron ser hechas, no pudieron contemplar su real capacidad financiera, mantuvieron la misma infraestructura, no diversificaron hacia otras posibles actividades o producciones, entre otras medidas que el productor sabe tomar en los momentos de dificultades pero que no realizó. Y seguramente esto lo hace estar hoy aún más comprometido.

En definitiva, no se dio el ajuste más potente y señalizador de la realidad: el tamaño sectorial —entiéndase esto como área de siembra y volumen total producido—.

Para quienes lo ven de afuera, como las autoridades gubernamentales, no se vislumbraba la real crisis del arroz en Uruguay, porque de hecho habrá 1,5 millones de toneladas de arroz para exportar en 2026, generando externalidades positivas a la economía nacional desde un cultivador de arroz hoy más jaqueado.

Por eso: "No hay más verdad que la realidad".

Suscribete a nuestro Newsletter

Tardáguila Agromercados - Powered By InfinitWorks.