
Fabián Hernández repasó la historia y los servicios de la Sociedad de Productores de Leche de Florida, la gremial anfitriona del lanzamiento, y explicó por qué el campo de La Cruz es hoy una referencia nacional.
Fabián Hernández, directivo de la SPLF, arrancó por el principio. La Sociedad de Productores de Leche de Florida nació en 1957 con un objetivo simple y que no ha cambiado: defender los intereses de sus socios.
“Ese fue nuestro origen y sigue siendo el motor que impulsa nuestra actividad diaria”, dijo en la ceremonia de apertura que tuvo lugar el pasado viernes en La Cruz, Florida.
A lo largo de casi siete décadas la gremial fue sumando servicios —siempre a demanda de los propios productores, aclaró— y hoy opera con cuatro sedes en el departamento: Florida, Sarandí, Cardal y Chamizo.
El alcance es considerable. La sociedad liquida más de 1.000 sueldos por mes a través del servicio de BPS, gestiona más de 150 carpetas contables anuales, tiene un servicio odontológico que funciona desde 1981 en todas las sedes, y administra el servicio de trazabilidad de más de 85.000 animales para más de 350 productores.
A eso se suma un servicio de maquinaria con 45 años de historia y siete equipos de siembra en actividad.
Hernández también destacó un trabajo reciente en materia de efluentes, desarrollado en comodato con el Inale: un sistema que por primera vez genera datos concretos sobre el manejo de efluentes y los nutrientes que cada viaje aporta al suelo.
“Una información que el país no tenía”, dijo, y que anticipó será exigida por los mercados importadores.
El campo de La Cruz
El campo de recría es, según Hernández, uno de los servicios más importantes de la Sociedad. Hoy alberga cerca de 5.000 animales bajo dos modalidades: un sistema tradicional de recría a pasto con suplementación estratégica, y un sistema intensivo que arrancó en 2020 con poco más de 300 animales y que hoy supera los 1.000, “con demanda creciente”.
En el sistema intensivo los animales ingresan todos en agosto —nacidos ese mismo año— y se entregan antes de los dos años, prontos a parir, con una ganancia diaria de más de 700 gramos. “Le alargamos la vida productiva al animal”, explicó Hernández. Sin ese manejo, una lactancia se pierde en la vida útil de cada vaquillona.
Un punto de inflexión fue el plan de adaptación al cambio climático financiado por el Banco Mundial, que en 2016 dejó al campo una instalación de más de 25.000 metros de cañería y más de 200 bebederos distribuidos en las 1.600 hectáreas. “Imagínense suministrarle agua a 5.000 animales dependiendo de tajamares y arroyos”, graficó. El impacto en la ganancia diaria fue inmediato y rotundo.
La prueba de la seca
El episodio que más marcó a la Sociedad en los últimos años fue la sequía de 2023. En febrero y marzo de ese año, cuando todo el país atravesaba una situación crítica, la SPLF tomó una decisión que a muchos les pareció impensable: ingresar 1.000 animales al campo de recría. El sistema respondió. El campo aceptó un número muy importante de terneras y dio una respuesta concreta a los productores en el momento en que más la necesitaban.
Esa decisión, dijo Hernández, fue política pero también técnica, sostenida por todo el equipo de funcionarios y el cuerpo técnico de la Sociedad. Y terminó siendo una demostración de para qué sirve tener infraestructura construida con tiempo.
La zafra como ciclo de confianza
Hernández cerró su presentación con una reflexión sobre el sentido del lanzamiento de la zafra. Los animales que se insemine ahora van a parir en febrero y marzo del año que viene, y de esos partos depende la leche de 2028.
Lanzar la zafra es, en ese sentido, mucho más que un acto simbólico. “Genera confianza”, dijo. “Sabemos que el año que viene va a estar la leche para toda la cadena”, finalizó.
