
El déficit hídrico empezó a pasar factura en los cultivos de verano y el margen de maniobra se achica día a día. “Estamos en semanas decisivas”, resumió Leonardo Olivera, gerente comercial de Fadisol, al describir el escenario productivo para maíz y soja, en un contexto que ya venía condicionado por precios bajos y un tipo de cambio desfavorable.
En el caso del maíz, la campaña había comenzado con muy buenas expectativas. “Tuvimos implantaciones excelentes y un potencial muy interesante en secano”, explicó. Sin embargo, diciembre marcó un punto de quiebre: “La falta de agua y los golpes de calor fueron muy fuertes, y eso cambió totalmente la foto”.
Muchos lotes terminaron picándose y otros quedaron con rendimientos muy por debajo de lo esperado. “En el mejor de los casos estamos hablando de 50% del potencial”, advirtió.
Los maíces de segunda todavía conservan algo de margen, pero dependen directamente de que se concreten lluvias en el corto plazo. “Si llueve en la próxima semana, todavía hay chance de recuperar algo; si no, el impacto va a ser importante”, sostuvo Olivera. En soja, el escenario también se volvió delicado: “La soja de primera ya está en R2–R3 y con este calor empiezan a aparecer abortos, muerte de plantas y diferencias muy marcadas según el tipo de suelo”.
Todo esto ocurre, además, en un contexto adverso desde el punto de vista económico. “El problema es que el golpe productivo llega con precios bajos y con una relación cambiaria que no ayuda”, remarcó. Aun así, Olivera destacó que el mercado del maíz mantiene demanda. “El productor sabe que no va a sobrar maíz y que hay demanda desde la ganadería y la lechería; falta unir las puntas, pero el valor va a estar”, consideró.

