
Los fundamentos de oferta y demanda siguen jugando a favor del negocio de la producción de carne vacuna, y también de la ovina. No obstante, da la sensación de que siempre hay algún ruido que deja abierto un manto de incertidumbre latente.
Los últimos datos de exportación de Uruguay así lo reflejan. En mayo, el valor medio de la tonelada exportada fue de US$ 8.515 por tonelada peso embarque, llegando al cuarto récord mensual consecutivo, con un alza del 24% interanual. El vaso medio vacío: se embarcaron unas 10.000 toneladas menos que en igual mes del año pasado, directamente asociado a lo que pasó con la faena, que se recuperó respecto a abril pero en mayo quedó 21% por debajo del año anterior.
El primer semestre cerrará con una retracción cercana al 20% y las expectativas están ahora centradas en una mayor oferta para el segundo semestre, de manera de morigerar ese fuerte rojo del primer tramo del año. A nivel doméstico, la gran preocupación de la producción pasa por un tema sanitario: cómo convivir con la garrapata, cuyo exterminio a corto plazo luce lejano, y evitar cualquier otro revés en el acceso a mercados como ocurrió con San Jacinto por residuos de un garrapaticida.
En los principales mercados y jugadores del negocio cárnico también hay mucho ruido. En China, la imposición de cuotas a la importación de carne a sus principales proveedores generó una fuerte distorsión de la corriente comercial con Brasil y Australia, los más perjudicados, acelerando envíos para aprovechar el cupo disponible.
Las consecuencias: excesos de stock y un enfriamiento de los negocios para nuevas cargas en las últimas semanas, algo que también perjudicó a Uruguay, que no tiene mayormente problemas de cupo para embarcar su carne. Nadie tiene certeza hoy sobre si la potencia asiática mantendrá su política de cuotas u otorgará algún tipo de flexibilización en los próximos meses.
En Estados Unidos, el presidente Trump, siempre disruptivo y controvertido, amago con eliminar los aranceles para la importación de carne vacuna fuera de cuota de sus proveedores, buscando evitar una espiral inflacionaria sobre sus consumidores en un año electoral. Luego dio marcha atrás por diferencias en la interna de su partido, cuyos votantes, muchos de ellos productores ganaderos, sentían que la medida podía desestimular la recomposición de un stock que está en su menor nivel en 75 años. Y este jueves llegó la noticia del gusano de la bichera al estado de Texas. Todo ese ir y venir del presidente estadounidense no hizo otra cosa que enfriar la dinámica para cerrar nuevos negocios de exportación hacia ese mercado.
Europa, el otro gran mercado para la carne uruguaya, está decidida a imponerle a Brasil desde setiembre la exigencia de acreditar ausencia de antimicrobianos en los productos de origen animal, condición que hoy parece difícil de cumplir para el caso de la carne vacuna. Más allá de los esfuerzos y de un protocolo aprobado para la certificación, existen muchas dudas sobre cómo hará Brasil para sostener su comercio de carne vacuna con Europa. Esto puede abrir una ventana para que competidores como Uruguay, Argentina y Australia ganen más espacio en uno de los destinos que mejor valoriza esta proteína.
Y la lista de ruidos podría continuar: la prolongación de la guerra en Medio Oriente, la escalada inflacionaria global, una posible recesión. Siempre hay uno. La diferencia está en saber distinguir cuáles son pasajeros y cuáles pueden cambiar el tablero. Por ahora, los fundamentos siguen siendo sólidos y las perspectivas de precio, firmes.


