Hay en juego hasta US$ 1.400 millones anuales en exportaciones y el Parlamento Europeo deberá decidir antes del 10 de agosto si acepta o rechaza la propuesta de la Comisión Europea.
Argentina desplegó una ofensiva diplomática y empresarial en Bruselas para frenar una propuesta de la Comisión Europea que dejaría al biodiésel de soja fuera de los objetivos de descarbonización del bloque, según informó La Nación.
El secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Fernando Brun, ya viajó a negociar, y en los próximos días llegará Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara-CEC), con reuniones bilaterales agendadas con la Comisión Europea.
La propuesta, presentada el 10 de abril, plantea que los biocombustibles fabricados a base de soja dejen de computar para las metas de energías renovables del bloque, siguiendo el mismo criterio que se aplicó al aceite de palma en 2019.
El argumento es que la expansión del cultivo avanza sobre bosques y tierras que almacenan carbono. La medida no prohíbe el ingreso del biodiésel de soja, pero le quita el incentivo que sostiene su demanda, con una reducción gradual que aplicaría completamente a partir de 2030.
Para Argentina el impacto es directo. El año pasado exportó a la UE 280.000 toneladas de biodiésel por unos US$ 350 millones, más 45.000 toneladas de aceite de soja para uso industrial por otros US$ 50 millones. La UE es el único destino de exportación del sector. Si el país cubriera su cuota asignada de 1,2 millones de toneladas, las exportaciones podrían llegar a US$ 1.400 millones anuales.
"Estamos coordinando con la industria europea para tratar de bloquear todo este proceso y revertir esta decisión", dijo Idígoras.
Lo que más irrita a la industria es la metodología utilizada: la Comisión midió la expansión del cultivo de manera global y no por país, lo que perjudica a Argentina, donde la superficie sembrada con soja cae desde hace más de una década.
Queda abierta una ventana técnica: la propia norma prevé revisar hacia fines de 2026 el marco de certificación y contempla la posibilidad de enfoques regionales, una alternativa que podría beneficiar al país por esa caída en su superficie sembrada.
Fuente: La Nación

