
A pesar de los precios históricamente altos, los consumidores estadounidenses pagan algún dólar más, pero no dejan de comprar carne vacuna.
Estados Unidos hoy pelea cabeza a cabeza con China el primer puesto como destino de las exportaciones uruguayas de carne vacuna, especialmente en lo referente a la facturación. Su complejo cárnico alcanzó los niveles de precios más altos de la historia sobre fines del primer semestre del corriente. A pesar de eso, la demanda se ha mostrado resiliente. Podrá haber cambiado a cortes más baratos, pero sigue eligiendo la carne vacuna.
La cultura de consumo de carne vacuna en Estados Unidos es enorme y se ha mostrado resiliente al aumento de los precios. El gasto per cápita en esta proteína creció este año, algo lógico considerando la suba de los precios. Pero, además, también creció la proporción de carne vacuna respecto al consumo total de proteína animal, no solamente en la comparación con el año anterior, sino mostrando una tendencia sostenida por más de una década.
En 2011-2014 la carne vacuna representaba, según el mes, alrededor de 43%-46% del gasto total en proteínas. En el primer semestre de 2026 está entre 52,5% y 54,1%. Son 8-10 puntos porcentuales más. Respecto a 2025 también hay un salto; la carne vacuna era el año pasado alrededor de 50% del gasto en proteína. Seguramente el consumidor comprará cortes más baratos, pero no deja de consumir carne vacuna.
Por lo tanto, a pesar del aumento de la brecha entre el precio de la carne vacuna y otras, el consumidor estadounidense se aferra a la primera, la sigue priorizando.
Primero, porque forma parte de su cultura y sabe de su valor nutricional. Pero se agregaron un par de factores adicionales que también juegan a favor de la elección de este alimento al momento de encarar las góndolas de carne en supermercados o carnicerías.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) cambió la pirámide alimenticia, poniendo al tope el consumo de proteína animal, tanto carne vacuna (entre otras), como huevos y lácteos, pero lo primero que se propone es una sabrosa chuleta de carne vacuna. Esto es trascendente porque influye directamente en varios programas federales de alimentación y, además, es tenido en cuenta en otros organismos que la utilizan como referencia.
A eso se agrega la creciente utilización de las drogas para adelgazar, las GLP-1. Uno de cada ocho estadounidenses ya ha utilizado alguna de ellas, según la Kaiser Family Foundation. Además, con base en datos de Circana, en 23% de los hogares se ha utilizado. Como reducen el apetito y el tamaño de las ingestas, los médicos recomiendan que las dietas tengan un alto contenido proteico. La carne vacuna es la más indicada.
Son factores que se agregan, aunque el más importante es —al igual que en esta región del mundo— la cultura de alimentación con esta carne, que lleva a pagar algún dólar más por el producto, seguramente manifestar cierto malestar, pero comprarlo.

Esta inelasticidad de la demanda por carne vacuna en Estados Unidos es esencial para explicar los precios récord del producto en el mercado internacional, ya que el país norteamericano es quien lidera en la demanda internacional. China sigue siendo el principal importador en volumen, pero le cedió la antorcha del liderazgo en la determinación de los precios internacionales a Estados Unidos.

